Día de… ¡gracias!

Crónicas de una cuarentona en cuarentena

Los olvidados

Negociar con la culpa de salir es todo un tema conmigo, hacerlo es un acto de enorme responsabilidad, dicho esto, me lleno de sol en mi regreso a casa y mientras mando un mensaje de voz me invade una mezcla de emociones: camino a la farmacia me topé con un cuadro que muchos vemos y pasamos a veces de largo, usualmente el bullicio de la gente no nos permite ver la pintura entera, hoy no, porque ante la ausencia de pasos por estas calles enloquecidas, esta vez ese cuadro no podría ignorarse, una silla plegable con unos pocos dulces significaban el sustento de esa alma cansada que se escondía del sol dormitando en una banqueta mientras algún alguien se acercaba, ése alguien esta vez fui yo y mientras más cerca tenía el cuadro desolado, ahora negociaba con mis emociones y me repetía “demonios ésta desempleada debe cuidar su dinero en temporada de pandemia“.

Tres mazapanes de la Rosa fueron pagados con algo de efectivo y una pequeña despensa, me costó trabajo decidir dejarle mi bolsa de mandado favorita, esa que me di el gusto de comprar porque era turquesa,  regresé con las manos vacías y el corazón contento, mientras recibía mensaje de mi amigo periodista  mostrándome su obra de arte en la cocina, le conté lo que había hecho a modo de queja y presunción,“no debo salir”, “no debo salir”, “maldito corazón de pollo” y entonces  mientras estallaba de felicidad y orgullo por el ser humano que soy llegó la tristeza, la impotencia, las lágrimas, el mundo está jodido y un deseo enorme de esperanza pedía mi alma, todo debe estar bien para nosotros pero sobre todo por ellos, dolió que el precio pagado por esos mazapanes parecieran tan poco comparados con la enorme y diaria necesidad, dolió ver ese cuadro en primera fila, entonces entendí que los extraordinarios son ellos, nunca se rinden, así que retomo la filosofía pandémica que adopté y me repito, “después de esto no hay más dónde ir, sólo tendremos un camino y ese es pa´lante“.

Lo que yo pueda contar de esta cuarentena en este momento no suma, “no tengo” trabajo, tengo algunos ahorros que me dejan medianamente tranquila en esta cuarentena, tengo techo y comida y hasta palomitas en mi mesa, tengo una familia que me apoya y un techo con ellos, abrazos, amor, comida, amigos, una profesión que amo, tiempo para pensar en cuidar mi alma y alimentar mi conocimiento, tiempo para estar en cama viendo tv, tengo amigos que me abrazan, ahora a distancia claro y me siento bien, me siento tranquila, a veces con insomnio, pero son muchos más los días buenos, tengo una vida que tal vez parezca en desventaja ante lo que se viene, pero repito no hay más para dónde ir.

Nunca dejaré de decir que la vida se ha portado bien conmigo con todo lo que implique, gracias a ella, a mí y ustedes que hoy puedo quedarme en casa y bailar descalza para aligerar el alma, así que quédate en casa y si este cuadro que me encontré te lo topas tú, si puedes y quieres paga  los mazapanes más caros que hayas comprado. ¡Hoy para mí, es día de gracias!

Te abrazo con los codos, con el alma contenta y triste y con una enorme esperanza de que esto va a salir bien.

Hoy el cuadro y yo nos tocamos el alma por tres mazapanes.

Por cierto no lo,olvides, “Quédate en tu casa”

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