La rebelión de María Inés

En estas semanas de insomnio y un poco de ansiedad me topé en Prime Video con la telenovela  “Mirada de mujer” ¿quién no se enamoró de la dulzura  que maría Inés y transmitía a través de sus ojos?.

Sólo quería ver  el momento supremo y clave en donde Alejandro Salas y esa mujer de casi 50 se conocían, pero desde el capítulo uno me llamó la atención con algo de enojo y frustración las cargas familiares con las que mi querida Inés debe lidiar, pero el soplo de esperanza llegaba cuándo empezaba a preguntarse si esa realidad le llenaba,  se preguntaba ¿quién era?, si había algo más allá de la lista del super.

Creí que nuestra generación era parte de esta ruptura de patrones sobre el papel de la mujer en el hogar, el deber mejor dicho de las mujeres en la vida, casarse, ocuparse del hogar, tener hijos y dejar de ser nuestras María Inés para convertirse en algo que al final nadie voltea a ver, ni siquiera cuando Ma. Inés se mira al espejo se ve, ve a alguien con tanta derrota en los ojos, en el cuerpo, en los años, en la historia, tener todo eso que la sociedad te dice que debes tener y sentirte tan vacía y tan invisible.

Hay varias mujeres ahí que empiezan a salirse de los patrones, la amiga que asume su sexualidad con libertad, la amante que es una mujer enamorada no la zorra que nos enseñaron debe ser, la amiga que no se sabe feminista pero te quiere hacer entender que “hay una vida y es la tuya no te quedes esperando a que él decida para que puedas avanzar”.

Me emociona mucho saber que a los casi 50 se puede despertar, que a los casi 50  hay primeros besos, caricias y amores, que se puede bailar como loca a mitad de la sala con tu mejor amiga sin que los años pesen, que a los casi 50 puedas sentirte más viva, más curiosa y más valiente.

Sí, sé que “Mirada de mujer” fue parte aguas en las telenovelas mexicanas, por la cantidad de rating que significó, pero a cuántas María Inés habrá despertado esta historia y cuántas somos el reflejo de las que despertaron y ahora tenemos el privilegio de sentirnos vivas, libres, dueñas de nuestra vidas libre de tirar maletas, alejarte de gente que aunque quieras  no te hace bien o quedarte,  pero libre de elegir, de sentir, de vivir, de volar.

Gracias María Inés.

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